“Lago Balatón” es un poema de veintitantos versos que rezuma tristeza, a pesar de que es una tristeza ridícula. Las imágenes muestran intenciones terrestres, terrícolas, extraterrestres, divinas, angélicas, demoníacas, etcétera. Una voz llegada del espacio exterior se dirige a un niño (¿un niño húngaro?, se pregunta el poema, y también se pregunta ¿un niño chileno?, y asimismo se pregunta ¿un niño de ninguna parte?, y por último, en un mísero apóstrofe, pregunta ¿un niño sin huesos entonces?), que obviamente no es el hablante de “Lago Balatón”. El niño está intentando, infructuosamente, pescar renacuajos a la orilla del lago. El niño no se da cuenta de que está llorando a moco tendido y, sobre todo, no se alcanza a dar cuenta, tan concentrado está en su labor, de que el lago es en realidad el resultado de sus lágrimas. El lector del poema debe de inmediato suponer que el llanto del niño dura ya miles de años y que, en consecuencia, lleva miles de años intentando inútilmente pescar renacuajos. El poema es un canto a la estupidez humana, pero también una especie de oda a la tristeza humana y, además, es un canto a la posibilidad de vida extraterrestre (sobre lo cual tengo absoluta certeza). La voz extraterrestre, tan sólo una voz sin cuerpo, comienza de pronto, en la tercera estrofa, a hablarle al niño y le dice que entre en el lago, se lo dice diez veces, y el niño, que toma la voz como la voz del amigo imaginario o del ángel de la guarda, entra confiado en las aguas del lago sin dejar de llorar. Sus lágrimas habían hecho el lago y ahora entraba en el lago, lo que yo represento en el poema con la imagen del niño entrando en sus lágrimas. Húndete, le dice en un momento la voz extraterrestre. Y el niño lo hace. Abre los ojos, le ordena la voz. Y el niño abre los ojos bajo las aguas del lago, es decir, abre los ojos en el interior de sus lágrimas. Lo que ve el niño es inenarrable, yo no lo explicito en el poema, y ocurre a la velocidad de un fulgor. Y luego el niño ve niños exactamente iguales a él y la voz extraterrestre le ordena beberlos. El niño lo hace: bebe a uno y ese uno se convierte en él y bebe al siguiente niño y éste se transforma en quien lo ha bebido y bebe al siguiente y así sucesivamente. Todo esto yo lo resumo en un solo verso: las criaturas del agua, y sólo ellas, beben de sus semejantes. Ya casi al final del poema, la voz le pide al niño que mire hacia arriba, hacia afuera del agua, hacia la superficie, hacia el mundo terrestre, terrícola dice la voz, pero el niño tiene los ojos destrozados y los pulmones llenos de agua y no puede respirar y uno sabe que va a morir. Efectivamente, en los dos versos finales, el niño muere, sin poder ver que en la superficie del agua flota el reflejo de un niño que es él y que está intentando, infructuosamente, pescar renacuajos en la patética y enorme poza de lágrimas: el “Lago Balatón”.
El texto “Lago Balatón”, es extracto de un capítulo de la novela La basura de Grecia, de Kato Ramone, editada el año 2010 en Chile por Tajamar Editores.











